El cambio climático podría hacernos sentir más solos: cómo las olas de calor y fenómenos meteorológicos extremos afectan las relaciones sociales de las que dependemos

Fiona Doherty | The Conversation
Las condiciones climáticas extremas pueden inundar parques y secar lagos, como el lago Hope en el condado de Vinton, Ohio. Esta imagen fue tomada por una residente que solía visitar el lago con sus dos hijos pequeños. Al igual que muchos otros lagos, el nivel del agua del lago Hope descendió considerablemente durante la sequía récord que azotó Ohio en 2024. Photo Credit: Fiona Doherty, CC BY-ND

Las tormentas severas, las olas de calor y los incendios forestales pueden paralizar la vida social de una comunidad, interrumpiendo festivales, cancelando eventos comunitarios y obligando a la gente a quedarse en casa.

También son una prueba de que el cambio climático no solo está transformando los entornos en los que todos vivimos, sino que también está limitando nuestra capacidad para conectarnos unos con otros.

En todo el mundo, cada vez se reconoce más que las relaciones sociales son esenciales para el bienestar individual y colectivo. Mantienen nuestro cerebro activo y pueden reducir los niveles de estrés. Durante las emergencias, los lazos sociales también pueden salvar vidas. Las relaciones son canales para compartir información oportuna, brindar ayuda mutua y emprender acciones colectivas. Cuando las temperaturas se disparan, los amigos y vecinos comparten alertas de calor, se preocupan por las personas mayores u otros miembros de la comunidad que puedan necesitar ayuda, y coordinan refugios comunitarios para refrescarse cuando los sistemas oficiales están desbordados.

Sin embargo, los efectos del cambio climático podrían estar debilitando precisamente el tejido social que ayuda a las comunidades a prosperar.

A medida que los fenómenos climáticos extremos se vuelven más comunes y causan más trastornos, sus efectos pueden afectar las relaciones, interrumpir las rutinas y la comunicación, y dañar los lugares de reunión y los cimientos de las tradiciones comunitarias.

Como profesora adjunta de trabajo social en la Universidad de Tennessee, estudio las crisis sociales y ambientales que se superponen, entre ellas la desconexión social y los fenómenos climáticos extremos. He descubierto que uno de los impactos más ignorados del cambio climático podría ser su capacidad para agravar la epidemia de soledad que ya existe.

Los estudios indican que el tiempo que los estadounidenses dedicaban a interactuar en persona con amigos y familiares ya estaba disminuyendo incluso antes de que la pandemia de COVID-19 paralizara gran parte de la interacción social a partir de 2020. Una investigación reciente de mi equipo en la zona rural de los Apalaches ha revelado varias formas en que las condiciones climáticas extremas están obstaculizando aún más las actividades sociales.

Las condiciones climáticas extremas mantienen a las personas separadas

El calor extremo ha acaparado los titulares de todo el mundo este verano. Cuando las temperaturas al aire libre se vuelven peligrosas, la gente se refugia en sus hogares para estar bajo el aire acondicionado o cerca de ventiladores eléctricos. Esto puede tener un costo social.

“No recuerdo que hiciera tanto calor cuando era niño”, le dijo un trabajador social de 28 años a mi equipo de investigación. “La gente no quiere salir de casa si hace tanto calor. No quiere ir a eventos comunitarios ni estar al aire libre en la comunidad”.

Las tormentas fuertes y las inundaciones pueden hacer que viajar sea peligroso o imposible, lo que impide que las personas salgan de sus hogares, se reúnan con sus familiares o asistan a eventos sociales. Estas interrupciones pueden afectar las interacciones cotidianas que ayudan a las personas a sentirse conectadas.

Los cortes de luz interrumpen las comunicaciones

Los fenómenos climáticos extremos también pueden interrumpir los canales de comunicación que ayudan a las personas a mantenerse conectadas. Las tormentas severas, las inundaciones, el clima invernal y el calor extremo suelen ir acompañados de cortes de energía, lo que puede dejar a los residentes sin electricidad, a veces durante semanas.

Los cortes de luz suelen ir acompañados de interrupciones en los servicios de Internet y de telefonía celular, lo que dificulta la comunicación a través de mensajes de texto, llamadas telefónicas, redes sociales y correo electrónico precisamente en el momento en que más se necesita.

Como nos explicó a mi equipo un habitante rural de 74 años: “Estamos muy aislados. No tenemos servicio de celular más que a través de Wi-Fi. Así que, cuando se va la luz, nos quedamos sin servicio de celular… sin el celular, realmente pierdes todas tus conexiones”.

La pérdida de los espacios compartidos y las tradiciones

Otra forma en que el cambio climático puede debilitar los lazos sociales es al alterar los lugares y las tradiciones que tienen importancia cultural y comunitaria.

Lo viví en primera persona cuando el huracán Irene y la tormenta tropical Lee azotaron mi ciudad natal, Cherry Valley, Nueva York, en 2011.

Después de que las aguas de la inundación rompieran el dique, un lugar muy querido por la comunidad conocido como “el embalse”, un pequeño lago donde las familias nadaban y hacían picnics, quedó vacío, dejando a nuestra comunidad rural sin uno de sus pocos espacios de reunión.

En el estudio sobre los Apalaches realizado por mi equipo, los residentes describieron cómo una sequía extrema, sumada a un calor prolongado, afectó a los lugares donde la gente se reúne, comparte tradiciones y mantiene vínculos entre generaciones.

Los niveles de agua en los lagos y ríos bajaron tanto que ya no permitían la práctica de actividades recreativas, los incendios forestales arrasaron el Bosque Nacional Wayne y las pérdidas en las cosechas hicieron que hubiera menos de la querida fruta pawpaw de la región cuando llegó el Festival Anual del Pawpaw de Ohio.

Un residente de 68 años nos dijo: “Miro a mi alrededor y es simplemente horrible. Nuestros arroyos se han secado. La otra noche, un amigo me trajo unos pawpaws y, la verdad, era lamentable… nada que ver con lo que suele caer. La situación es realmente grave y sospecho que esto va a seguir así. Tenemos que encontrar una solución”.

Este tipo de deterioro de los lugares y tradiciones que tanto apreciamos puede poner en peligro las experiencias compartidas que ayudan a las comunidades a mantenerse unidas.

Estos desastres suelen superponerse

Estas rupturas en los vínculos sociales a menudo se superponen, ya que las comunidades se enfrentan a fenómenos meteorológicos concurrentes cada vez más frecuentes. Una tormenta severa, por ejemplo, puede provocar inundaciones y cortes de energía durante una ola de calor, lo que interrumpe el transporte y las comunicaciones en medio de temperaturas peligrosamente altas.

Con el paso del tiempo, los fenómenos meteorológicos extremos frecuentes y consecutivos pueden debilitar las relaciones al limitar la movilidad y la participación social.

Las personas que ya se encuentran socialmente aisladas, como los adultos mayores y quienes viven en zonas rurales o carecen de transporte confiable y acceso a Internet, suelen ser las más vulnerables. El cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos pueden dejarlas aún más aisladas.

Mantener vínculos sociales en medio de los desastres

A medida que aumentan las temperaturas globales, impulsadas en gran parte por la quema de combustibles fósiles, el cambio climático afecta cada vez más la vida cotidiana. Los vínculos sociales son fundamentales, tanto para hacer frente a los fenómenos meteorológicos extremos como para trabajar juntos y ayudar a toda la comunidad a adaptarse a un clima cambiante.

Una opción prometedora es que las ciudades y los condados inviertan en centros comunitarios, como las bibliotecas públicas, o creen nuevos espacios de reunión en todas las comunidades.

Estos espacios pueden fortalecer los vínculos sociales durante todo el año al ofrecer actividades inclusivas de aprendizaje permanente, al tiempo que sirven como refugios para protegerse del calor y centros de resiliencia climática, proporcionando recursos para ayudar a los residentes a prepararse para desastres, estaciones de recarga de teléfonos cuando hay cortes de luz en otros lugares y conexión a Internet.

En una época en la que los cambios climáticos se aceleran, los vínculos sociales pueden ser el mayor activo de una comunidad y, sin embargo, uno de sus recursos más frágiles a la hora de protegerla.

Fiona Doherty es profesora adjunta de Trabajo Social en la Universidad de Tennessee.

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