Estados Unidos fue sede de su primer Mundial en 1994.
Desde entonces, el fútbol ha cambiado radicalmente en muchos aspectos, tanto dentro como fuera del campo.
Ahora que Estados Unidos (junto con México y Canadá) se prepara para acoger de nuevo este megaevento, el cambio más notable del torneo desde 1994 es, sobre todo, su enorme crecimiento.
La ampliación
Este aumento de escala se puede cuantificar claramente. El torneo de 1994 contó con 52 partidos a lo largo de 32 días, con 24 equipos. En cambio, el evento de 2026 (la primera Copa del Mundo con tres continentes) contará con 78 partidos solo en Estados Unidos, a lo largo de 39 días.
Los 48 equipos de la competición se dividen en 12 grupos, y pasan a la fase eliminatoria los dos primeros clasificados de cada grupo, junto con los ocho mejores terceros.
En cuanto al número de partidos, el torneo ha duplicado su tamaño desde 1994.
Esta expansión no es casual. Ha sido impulsada por la doble fuerza de la globalización y la mercantilización, junto con una estrategia deliberada del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para proteger y ampliar el dominio comercial del fútbol.
Un aspecto fundamental ha sido la expansión del torneo a mercados no tradicionales, sobre todo a Estados Unidos, la mayor economía deportiva del mundo, lo que ha generado importantes beneficios económicos y un gran interés comercial.
Infantino y la FIFA han sido objeto de críticas constantes en los medios de comunicación de todo el mundo, que van desde gestos simbólicos polémicos relacionados con Donald Trump hasta preocupaciones sobre el precio de las entradas. Pero el resultado general es claro: el Mundial se ha vuelto más ambicioso y comercialmente poderoso que nunca.
Al mismo tiempo, la FIFA ha reforzado su pretensión de tener un alcance mundial al incorporar a países más pequeños, como Cabo Verde y Curazao, cuya población conjunta es muy inferior al millón de habitantes.
Esta ampliación se basa en dos factores fundamentales. En primer lugar, un mayor número de partidos implica más contenido para retransmitir, y los derechos de retransmisión siguen siendo la principal fuente de ingresos de la FIFA. La ampliación a 104 partidos aumenta considerablemente el valor de los acuerdos de derechos, especialmente en los países participantes.
En segundo lugar, la ampliación amplía la base política de la FIFA. Al permitir el acceso a más países, refuerza la influencia de naciones que antes se encontraban al margen del fútbol mundial.
En el sistema de votación de la FIFA, todas las federaciones miembro tienen el mismo peso: el voto de la poderosa Brasil cuenta lo mismo que el de Curazao, un miembro de reciente incorporación con una población de unos 150 000 habitantes.
Al mismo tiempo, un torneo de mayor envergadura aumenta la probabilidad de que participen grandes centros de población y mercados de consumo emergentes (como China, India y el Sudeste Asiático), lo que amplía aún más el alcance comercial de la Copa del Mundo.
La cuestión pendiente para la FIFA es la de los límites: ¿hasta dónde puede llegar la expansión antes de que diluya la exclusividad y el valor de prestigio de la Copa del Mundo?
El “World Game” en Estados Unidos
El fútbol en Estados Unidos ha crecido notablemente desde el torneo de 1994. En muchos sentidos, este crecimiento refleja la intención original que motivó la adjudicación de la Copa del Mundo de 1994 a Estados Unidos.
El torneo de 1994 sigue siendo el que más espectadores ha reunido en la historia, en gran parte gracias al uso de los estadios de la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL). Se concedió con la condición de que se restableciera una liga profesional viable tras el colapso de la Liga Norteamericana de Fútbol en 1984.
La Major League Soccer (MLS), fundada en 1996, se ha consolidado plenamente en el panorama deportivo estadounidense.
Esta trayectoria también se ha consolidado, ya que los deportistas universitarios pasan a la MLS y, cada vez más, a las principales ligas europeas, al tiempo que se amplían las categorías profesionales y semiprofesionales de segundo nivel.
El crecimiento ha sido especialmente notable en el fútbol femenino gracias a importantes inversiones recientes.
La selección masculina de Estados Unidos, que actualmente ocupa el puesto 16 del ranking mundial, podría llegar lejos en 2026.
Al igual que en 1994, los partidos de este año se disputarán en su mayoría en estadios de fútbol para aprovechar al máximo el aforo.
Cambios en las reglas y tecnología
Los cambios en las reglas de la FIFA están pensados principalmente para mantener el balón en juego y acelerar el ritmo de los partidos. Las medidas destinadas a combatir la pérdida de tiempo, desde un control más estricto de los saques de banda y los saques de meta hasta una gestión más rigurosa del tiempo añadido, reflejan este objetivo.
El Mundial de 1994 introdujo importantes reformas, entre ellas la prohibición de los pases hacia atrás al portero y la concesión de tres puntos por victoria, con el fin de fomentar el juego ofensivo.
De cara al torneo de 2026, se ampliará el uso de la tecnología, y el sistema de vídeoarbitraje (VAR) se aplicará de forma más generalizada a decisiones como las segundas tarjetas amarillas y las decisiones sobre los saques de esquina.
El bienestar de los jugadores también ha cobrado mayor importancia: tras los problemas relacionados con el calor extremo de 1994, se introducirán pausas obligatorias para hidratarse, una en cada mitad, aproximadamente en el minuto 22.
Las reglas de sustitución también han evolucionado considerablemente, pasando de dos en 1994 a cinco sustituciones ordinarias, además de una sustitución adicional en caso de conmoción cerebral.
El mismo juego, pero a otra escala
Desde su codificación, e incluso en los primeros partidos filmados hace más de un siglo, la sencillez del fútbol ha sido la base de su dominio mundial.
La continuidad de este deporte une a las generaciones. Los principales jugadores del Mundial de 1994, como el italiano Roberto Baggio y el brasileño Romário, podrían perfectamente competir en el fútbol actual, aunque los jugadores de hoy en día suelen tener un mayor desarrollo físico.
En definitiva, a pesar de la magnitud, el alcance mundial y la comercialización de torneos como la Copa del Mundo, el éxito duradero del fútbol radica en su constancia.
El juego que se practica en los escenarios más importantes del mundo sigue siendo, en esencia, el mismo que se juega en los parques, las escuelas y los campos locales: sencillo, universal y fácilmente reconocible.
Steve Georgakis es profesor titular de Pedagogía y Estudios Deportivos en la Universidad de Sídney.
