Cuenta regresiva

Opinion
Photo Credit: Flickr.com/Senate Democrats
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Por José López Zamorano

La Red Hispana

En unas semanas, el 28 de abril, vence el plazo para que los líderes republicanos y demócratas de la Cámara de Representantes y del Senado alcancen un acuerdo presupuestal para el resto del año fiscal 2017 que permita evitar la parálisis del gobierno federal y que ponga fin a la incertidumbre sobre programas básicos para el público estadounidense.

Desafortunadamente, cada vez es más frecuente que las negociaciones regulares del presupuesto — que idealmente deben terminar en el mes de septiembre, antes del inicio del nuevo año fiscal el

primero de octubre— se extienden innecesariamente y se aplican parches presupuestales que ponen cada año al aparato gubernamental al borde de un ataque de nervios.

Sin embargo, las negociaciones de este año son especiales porque los demócratas decidieron salir al paso de la petición de la Casa Blanca de solicitar 1,500 millones de dólares para el muro fronterizo y más de 1,000 millones de dólares adicionales para la contratación de agentes migratorios, y fronterizos, a fin de acelerar las detenciones y deportaciones.

Charles Schumer, el líder de los demócratas, anunció una inusual unanimidad de su bancada para evitar que esos fondos sean incluidos en el presupuesto suplementario, aún si ello implica el cierre del gobierno federal. Una posición similar mantiene la líder de los demócratas en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi.

“En caso que los republicanos persistan en colocar ‘píldoras venenosas’ tales como el financiamiento Planned Parenthood, construir el muro en la frontera y aprobar una fuerza de deportación, eso resultará en una parálisis del gobierno y un duro golpe a la economía”, dijo Schumer. “El problema es gastar miles de millones de dólares en un muro de 2,000 millas. Es inmoral, indecente e inefectivo. Es ridículo”, coincidió Pelosi.

La estrategia de ataque político preventivo de los demócratas parece estar teniendo el efecto deseado. Tanto el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, como el senador republicano Roy Blunt, han enviado señales de que el dinero para el muro tendrá que esperar a una fecha posterior.

Por separado, la bancada demócrata se reunió en privado con el secretario de Seguridad nacional, el general John Kelly, en busca de garantías de que las familias no serán separadas y que los

“dreamers” no serán prioridades de deportación. Aunque el general Kelly no ofreció las garantías absolutas que esperaban los demócratas, sugirió que la separación de familias sólo ocurriría en circunstancias extraordinarias y que los “dreamers” que siguen cumpliendo los requerimientos de DACA no son blanco de las operaciones focalizadas del ICE.

Parece claro que los demócratas consideran que los temas de deportaciones, seguridad fronteriza y la planificación familiar son demasiado importantes como para dar la batalla, aún a costa del cierre del gobierno y que miembros de la administración creen que el diálogo es el mejor mecanismo para distender los desacuerdos. Ojalá ambos elementos sean la antesala de políticas, y presupuestos, razonable, justos y que busquen servir no dividir.

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